lunes, 10 de junio de 2013

Sonia Marmolejos, un gran ejemplo de humanidad.

El Seno de la Esperanza es el título de un cortometraje  a cargo del cineasta dominicano Freddy Vargas, quien presenta la historia de Sonia Marmolejos, la humilde mujer dominicana que durante el terremoto de enero del 2010 amamantó bebés haitianos cuyos padres fallecieron en la tragedia, ofreciendo un ejemplo de solidaridad que llamó mucho la atención nacional e internacional. Para los que no escucharon de esta historia aqui te la presentamos...

© UNICEF RD/ A.de la Rosda/2010
Enriquillo, Barahona. - Ella no es política, ni funcionaria, ni artista, sin embargo, días después del terremoto de 12 de enero en Haití esta sencilla mujer saltó a las primeras páginas de los diarios, fue “estrella” de noticieros nacionales e internacionales.  Su foto, amamantando a un pequeño niño, recorrió el mundo y su sonrisa llenó a muchos dominicanos de satisfacción y de orgullo al comprobar su desinteresada entrega a favor del bienestar de niñas y niños haitianos.
Luego del “boom”, de ese minuto de fama que dicen toda persona merece, esta madre de cinco pequeños hijos, volvió a la cotidianidad de su vida, a su pequeña casita cerca del mar, en esta vía camino a Pedernales.  Allí fuimos a conocer a Sonia, lejos de los flashes y cámaras de la prensa, queremos saber quién es, que hace, de qué vive… realmente deseamos  recuperar su gesto, que no se olvide y que sirva de motivación para otras madres.
Al  entrar a su vivienda vemos, junto a una foto con el Presidente de la República, una placa donde se le designa “Nodriza por Naturaleza”,  se le reconoce su contribución a favor de los niños víctimas del terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero pasado.  Nos sentamos y comenzamos a conversar. 
Con su niña de meses en brazos, nos dice que siempre ha dado el seno a sus hijos e hijas.  “Es una tradición, mi mamá le dio también el seno a todos sus hijos, y yo se lo he dado a los míos.  Al que tiene 6 años se lo di casi hasta los dos años.  Cuando se le da el seno los niños son más saludables y además es más barato”, enfatiza.
Sonia, 28 años, es de una familia de cuatro hermanos. Uno vive en Higuey y tres en Pedermales.  Ella estudió solamente hasta 8º curso de básica y trabaja como promotora de salud de la Unidad de Atención Primaria, UNAP,  instalada en Enriquillo.   “Participo en operativos de salud, recientemente fue el de dengue, yo lleno las fichas familiares y los carnets cuando es de vacunación”, nos explica.
Como ella bien cuenta, muchos  la reconocen como “la que salió en los periódicos”, pero hoy queremos conocer un poco más que esas historias.  ¿Qué hacías en Santo Domingo a dos días del terremoto? ¿Qué te movió a trasladarte hasta el Hospital Darío Contreras?
© UNICEF RD/ A.de la Rosda/2010
“Tengo una niña, que desde su nacimiento ha estado recibiendo tratamiento en una piernita; y la llevo siempre al Darío”, nos dice.  “En enero dejé a la más pequeña, casi recién nacida, con su papá y me fui al hospital.  Ahí estaba cuando llegó un niño de 2 meses y medio con su papá; su mamá estaba en Dajabón”
La llegada de este niño, es una imagen viva en la mente de Sonia: “Era un niñito, pequeño, con un polochersito amarillo, lloraba, lo iban a operar de emergencia, y yo que tenía los senos llenos, decidí darle la leche al niño.  Yo no hablo creole, no le hablé directamente al papá, pero cuando el niño quedó dormido, él me dijo “que el Señor se lo multiplique”.    
Con entusiasmo, sigue reviviendo esa experiencia.  “La leche me pesaba en los senos. Atendí  al niño  por seis días y medio –de noche y de día- como si fuera el mío.  El estaba desesperado de hambre”, enfatiza con una sonrisa abierta y espontánea. 
Allí en su sencilla vivienda,  varias semanas después de ese gesto de solidaridad con un niño haitiano que trascendió en los medios, Sonia comenta “uno tiene que ser humano, era igual que fuera mi niña, de otro color, pero la misma sangre”.  Oyéndola percibimos que no tiene la perspectiva completa de lo que hizo.  Ni siquiera ha visto los periódicos con su foto!
Pero eso sí, reconoce que muchas personas “dan gran valor a lo que hice.  Se me han abierto muchas puertas” destaca, mencionando reconocimientos,  la pequeña vivienda donde ahora reside en  Villa Progreso, la televisión y el aparato de DVD y otros objetos que ha recibido después de esa experiencia.
 “Para el “27 de Febrero me llamaron, me invitaron a ir al Congreso y el Presidente me mencionó en su discurso”, dice con expresión alegre, pero como si no creyera lo que ella misma expresa. 
Durante toda la conversación, Yuneidy,  4 años,  entra y sale de casa, corre sin temor y parece que la escayola que aprisiona su piermita derecha, no le molestara.  Trata de llamar la atención de su mamá, quien durante toda la conversación ha sostenido en brazo a su bebé de unos meses.
Yuneidy ignora que ha sido el motivo de su madre para dar múltiples viajes a Santo Domingo y para estar en el Darío Contreras el 14 de enero, justamente cuando llegaban decenas de haitianos heridos a buscar atención médica.  Sonia tiene la ilusión de que recibirá apoyo para que Yuneidy viaje a Estados Unidos y le hagan un injerto que le permita recuperar la movilidad.  Dice que no ve el día en que su niña tenga su piernita bien.
Oír a Sonia hablar de los contrastes de su vida, es una historia como para no creerla.  Ahora que vive en una vivienda donada por el Estado, para llevar a la escuela a sus dos hijos mayores,  Soneyl y Junior, que están en 2do. y 3er curso tiene que pagar transporte, pero ella apenas recibe $l,200 mensuales y su marido no tiene trabajo  desde enero.
Sin embargo, ella quiere insistir en lo importante que ha sido para ella dar el seno a sus hijos.  “Es lo mejor, no se me enferman, no tengo que hervir leche ni biberón, no hay que comprarla, es muy saludable y alimenticia y se desarrollan (los niños) más fácil”, dice.
Su gesto de desprendimiento, de darse, de dar su leche a un niño haitiano, es algo que dice repetiría si fuera el caso “lo haría con cualquier niño que lo necesite sin importar que sea haitiano o no” y es como alguien dijo “el instinto de madre no tiene clase, color ni precio.”
Mayo de 2010

3 comentarios:

  1. Que linda historia. Muchas gracias por compartirla.

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  2. gracias, si excelente historia de ahora en adelante publicare historias como estas.

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  3. Hermosa historia. La solidaridad no tiene barreras y puede cultivarse en nuestra familia.

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